mayo 18, 2024

Acuerdo en México |  Opinión

Acuerdo en México | Opinión

La compra anunciada esta semana por el Gobierno mexicano de 13 plantas de generación eléctrica a Iberdrola ha puesto fin a un conflicto que se prolonga durante casi todo el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, a quien le queda un año de mandato. Una polémica que se ha extendido a las empresas transnacionales, especialmente españolas, que operan en el país. El presidente habló de una “nueva nacionalización”, en la línea del discurso que impregna toda su política energética, aunque en el fondo se trata de un pacto sellado con un apretón de manos con Ignacio Sánchez Galán, presidente de la compañía. Y es de celebrar, sobre todo, el diálogo entre las partes y que se haya llegado a un acuerdo que se ajuste al marco legal mexicano y que satisfaga los intereses de los accionistas.

Gracias a esta operación, la Comisión Federal de Electricidad (CFE), empresa del Estado mexicano, liderará el sector tras meses de batallas legislativas entre el oficialismo y la oposición y en el que se vio reforzada por un paquete de reformas que le dan prioridad en contratación contra competidores privados. La clave de la operación, que asciende a unos 5.500 millones de euros y representa el 80% de los activos de generación de Iberdrola en el país, es la venta de centrales de ciclo combinado que utilizan gas natural. Es tecnología antigua, pero al mismo tiempo, México aprovecha la transición de las empresas hacia la descarbonización para multiplicar su presencia en el mercado.

López Obrador ha hecho de su plan energético una declaración de intenciones ideológica. Sin embargo, la reforma que intentó impulsar recibió un revés en el Congreso hace ya un año. Antes, y más aún después del rechazo a sus planes, ha habido constantes referencias a los presidentes Lázaro Cárdenas y Adolfo López Mateos, quienes nacionalizaron las industrias petrolera y eléctrica. Por eso también, semanas atrás convocó a una gran movilización para conmemorar el 85 aniversario de la expropiación petrolera. Y por eso el presidente presumió, con la compra de las plantas de Iberdrola, de una nueva nacionalización. Esta estrategia está dirigida principalmente a las bases de Morena, el partido que apoya al Gobierno, y estuvo acompañada de críticas a la presencia de empresas transnacionales.

Iberdrola fue blanco de muchas de esas acusaciones. Sin embargo, lo ocurrido esta semana demuestra que más allá de la retórica, ha prevalecido la negociación y el deseo de consenso. El propio Sánchez Galán indicó que las conversaciones con López Obrador datan de 2021. Las dos partes se sentaron y se llegó a un acuerdo que satisface a ambas. En definitiva, un negocio que, sin ser una situación ideal para un inversor privado por el sistema energético del país y la voluntad de su presidente, representa una solución razonable para los implicados.