julio 17, 2024

Chicharrón y cáscaras de vainilla en la Última Cena del Cristo de Iztapalapa

Chicharrón y cáscaras de vainilla en la Última Cena del Cristo de Iztapalapa

La mesa se sirve sobre un mantel blanco con flores bordadas. Encima hay un copón de vidrio grueso con un líquido oscuro en el interior, dos vieiras de vainilla, botellas de refrescos sin etiquetar y varias bolsas con ruedas de chicharrones. Cristo camina alrededor. él usa el Vaquero y el polo blanco ceñido al cuerpo. El es serio. No cambia su gesto mientras pone su mano sobre los hombros de sus discípulos. Vuelve al centro y pronuncia: “De cierto os digo: uno de vosotros me va a traicionar”. David González se ha ganado el protagonismo. Busca al traidor, que está sentado a la mesa en una silla de plástico gris.

El actor que interpreta a Judas no pudo llegar este sábado y otra persona interpreta al personaje. Es uno de los últimos ensayos de la representación de Semana Santa en Iztapalapa. El domingo saldrán a las calles del barrio y durante cinco días –domingo 2, martes 4, jueves 6, viernes 7 y sábado 8– interpretarán la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo más famosa de la capital. Serán miles de actores vestidos con nuevos trajes y pelucas. Habrá caballos; habrá ramas de olivo; habrá micrófonos para que el público escuche de lejos, porque habrá mucha gente.

Después de la primera parte del ensayo, comienzan a repasar la Última Cena en el mismo escenario. Cristo toma una cáscara de vainilla, la corta por la mitad y la reparte entre los apóstoles. La seriedad es máxima entre los jóvenes que están sentados a la mesa y también entre los que esperan pegados a las paredes de la Casa de Pruebas. Así se llama el espacio. Es una casa que la familia Cano Reyes ha prestado durante 80 años para que los actores practiquen. El edificio de dos plantas tiene un gran patio central, las paredes internas pintadas de color verde manzana y las ventanas decoradas con herrajes blancos en forma de flor. Está en medio de un callejón.

Alfonso Reyes Ramírez llegó allí por primera vez a los 10 años y desde hace dos años es presidente del Comité Organizador de Semana Santa en Ixtapalapa, el grupo de veteranos que coordina el evento. El primer papel que interpretó fue el de un nazareno. “Solíamos ensayar aquí. En mi época, creo que había como 100 nazarenos. Pero ahora la población ha crecido. Salen miles”, dice. Según el comité, este año hay al menos 3.000 personas inscritas para participar, aunque más adelante se incorporarán más personas. La representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo ha sido incluida recientemente en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de México; ahora también buscan el reconocimiento de la UNESCO.

Alfonso Reyes, presidente del Comité Organizador de Semana Santa en Ixtapalapa.
Alfonso Reyes, presidente del Comité Organizador de Semana Santa en Ixtapalapa.Rodrigo Oropeza

“En 1990 participé para jugar a Cristo. No me fue dado, pero salí como apóstol”, continúa Reyes Ramírez. El hombre también ha interpretado a Poncio Pilatos, a los romanos a caballo, a Herodes, que le gustaba mucho. Se lo hizo a Judas tres veces: “A veces se necesita uno para entrar en razón. Había un hombre que se llamaba Vivis. Ese señor murió en 1992 de alcoholismo, el papel lo poseyó, decía que era Judas. También recuerdo a un azotador que dijo que pegarle a Cristo era malo para él y dejó el papel. Es la creencia, pero pedimos permiso. Es respetuoso pedir permiso para lo que uno va a hacer”.

Nada más entrar a la casa, los jóvenes que asisten al ensayo pasan por la sala donde está Reyes Ramírez. De las paredes cuelgan dos grandes retratos impresos de Juan Cano y Alicia Reyes, los propietarios ya fallecidos, y en una esquina hay un altar con mantel morado, velas, imágenes religiosas y dos coronas de espinas que se usaban en los ensayos y que son ya no se pueden tocar. Los chicos pasan, saludan, se persignan y se van. Este sábado repasarán sólo algunos de los pasajes de la Semana Santa. El último ensayo general (fueron cinco y cada uno duró unas cinco horas) fue hace una semana.

Queda por repasar las Bienaventuranzas –las promesas de felicidad celestial que Jesús hace a sus seguidores–, el arrastre de la cruz –sólo un fragmento– y el milagro de la resurrección de Lázaro. David González, el Cristo, no olvida ni un verso de su diálogo en dos horas. Con la misma entonación que se escucha en las misas, pronuncia lo que dicen los Evangelios: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. Un canario, un molinillo y una cumbia superponen los parlamentos. Pero él gana la atención. Sobre todo la de una señora bajita que ha ido a ver a su nieta y filma todo con su celular.

David González arrastra la cruz en la Casa de Ensayos de Iztapalapa.
David González arrastra la cruz en la Casa de Ensayos de Iztapalapa.Rodrigo Oropeza

González, de 25 años, trabaja en una mercado de pulgas con su familia vendiendo cosméticos y perfumes. Pero desde enero ha dejado el puesto del mercadillo para prepararse para el papel. Además de aprenderse sus líneas, ha tenido que entrenarse físicamente porque tendrá que recorrer 2,5 kilómetros cargando una cruz que puede llegar a pesar 100 kilos. Los entrenamientos en el Cerro de la Estrella, donde será crucificado, han sido diarios y bajo el sol de las dos de la tarde. Pero eso no es todo, dice: “Debes ir completamente enfocado en Dios, pídele que te ayude. Te juro que así he tirado el entrenamiento en dos paradas nada más”. Se refiere a dos paradas de descanso. Cuando empezó, hizo hasta seis y el último día fue sólo uno en dos kilómetros.

Una cruz similar a la que llevará, enorme, de seis metros de largo por tres de ancho, descansa sobre uno de los muros del patio. El que llevará fue donado por una familia de carpinteros del barrio Juárez y no se sabrá hasta el día de la función. Los jóvenes colocan la réplica en el centro para repasar un tramo del Vía Crucis. González la sostiene del hombro, donde ya tiene un callo. Un romano azota a Cristo. Pedro, Juan y María, que van con él, también reciben latigazos. Las tiras que los golpean son de cuero. Cuando termine la escena, se reunirán en un círculo y se mostrarán las marcas rojas que quedaron debajo de la ropa. “En dos días serán retirados”, advierten.

Paulina García, de 19 años, interpreta a María. “Fueron 15 señoras las que se presentaron y yo, gracias a Dios, salí elegida”, dice la joven, que estudia para ser farmacéutica. Cuando eso sucedió, su madre estaba allí y ella estaba llorando. “Es un gran honor poder representar a alguien tan importante como la Virgen y espero ser una digna representante. Hice todo lo consagrado a Dios”, dice. Como parte de la preparación, ella y el resto del elenco han ido a misa todos los domingos, de ocho a nueve. El desayuno para 70 estuvo a cargo del sacerdote. “Mis compañeros y el comité trabajan duro para que todo salga muy bien y seguir con esta tradición. Espero que se lo tomen con mucho respeto”, pide.

Paulina García, que interpretará a la Virgen María en la representación de la Pasión de Cristo.
Paulina García, que interpretará a la Virgen María en la representación de la Pasión de Cristo.Rodrigo Oropeza

Nativos, sin tatuajes y solteros

La recreación de la Semana Santa en Iztapalapa se realizó por primera vez hace 180 años. Los habitantes de los ocho barrios de la colonia iniciaron la tradición de agradecer al Señor de la Cueva, quien según la creencia popular detuvo en 1833 la epidemia de cólera que estaba acabando con los pobladores. Desde entonces, nunca se ha suspendido, dicen los organizadores. En los últimos tres años, debido a la pandemia del covid-19, la representación se hizo con restricciones. Este 2 de abril volverá por completo a las calles durante cinco días. El comité no ofrece una cifra de cuánto cuesta la puesta en escena. Aunque la Delegación brinda algún apoyo, la mayoría se financia con donaciones y dinero recaudado por el comité. Los actores pagan sus propios disfraces con la ayuda de otros vecinos. En el caso de Cristo, por ejemplo, puede superar los 2.000 pesos entre peluca, postizos, túnica y sandalias.

Este año, ocho personas se presentaron para interpretar al personaje principal. No parece mucho si se piensa en lo importante que es la representación para la colonia y el respeto que se tiene por la tradición. Pero los requisitos son muchos y muy estrictos. Por ejemplo, los actores deben ser “naturales y naturales” de Iztapalapa. Reyes Ramírez explica: “Que sus abuelos nacieron aquí, que aquí les cortaron el ombligo, y que son de tercera o cuarta generación”. “Lo otro: nada de tatuajes”, prosigue el presidente. “Se investigan, porque había una vez un Cristo que estaba casado; aquí es un pueblo y todo llega, y las redes también nos facilitan el trabajo. Tienen que hacer la Primera Comunión. Lo mismo con las damas”.

Una mujer espera para presenciar el ensayo de la Pasión de Cristo.
Una mujer espera para presenciar el ensayo de la Pasión de Cristo.Rodrigo Oropeza

González los cumplió todos y se convirtió en el segundo Cristo de su familia -el primero había sido su padrino en 1993-. “Muchas cosas hoy en día están muy mal: la falta de valores, de educación… Para mí eso es algo preocupante y esto es un bonita manera de poder dar un buen ejemplo”, dice y subraya, en varias ocasiones, que “nadie es perfecto”: “Yo no lo soy, he tenido muchos errores como toda la gente, pero he intentado llevar mi vida en el camino correcto”. Luego agrega: “No soy alcohólico, no soy drogadicto, no tengo vicios y nunca me he expuesto a la gente, no tengo nada que temer”. Su única preocupación, dice. , es recordar las líneas.

El ensayo casi ha terminado y uno de los hombres que dirigen las escenas (son al menos ocho) muestra la misma concentración y compromiso que el resto. “Parece que ya lo tenemos listo para el día de la función”, dice y sonríe con recato. Ahora se dirige al grupo de jóvenes: “¿Nos ayudas a levantar los banquillos?”. Antes del domingo, el comité organizador comenzará a sacar la escenografía a las calles. No hay aplausos ni vítores al final de la reseña, solo una última frase. “Demos gracias por un día más de vida y esperemos que todo salga bien. Con un Padre Nuestro y un Ave María.

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