mayo 18, 2024

Faith camina de regreso al valle de Talpa

Faith camina de regreso al valle de Talpa

Una cálida luz amarilla cae sobre las copas de los árboles del Cerro del Obispo, en el municipio de Ameca, que da la bienvenida a quienes inician en sus laderas la Ruta del Peregrino, un recorrido de 117 kilómetros que atraviesa valles, ríos, laderas y caminos en pendiente, hasta llegar a el santuario de la Virgen del Rosario en el municipio de Talpa de Allende, un pequeño pueblo en la región Sierra Occidental del Estado de Jalisco, México. Los caminantes preparan sus mochilas con lo básico y lo más importante, la burrita, una raíz de vid que les servirá de bastón y será la compañera inseparable los días siguientes, tras la bandera de salida, durante tres jornadas de recorrido por impresionantes paisajes.

Unos lo cubrirán en dos días, otros en cuatro, todo depende de la edad y condición física. En el camino, cada uno es diferente, hay 75 años caminando lento y jóvenes apurados con los cuernos al hombro, sonando a todo volumen la popular canción: suena Bad Bunny, pero también Juan Gabriel. El elemento común que comparten los peregrinos es la fe, todos darán gracias o pedirán salvar algo, una enfermedad, un trabajo, exámenes: “No pude venir durante dos años y necesitaba volver”, dice Luis Vargas, un hombre de Zapopan quien ha estado yendo al santuario por varios años. No pide nada, hace años oró por una tragedia familiar que no quiere recordar, ya la olvidó, pero tiene fe, la necesidad de volver año tras año a “sufrir en el camino”.

Un niño de siete años se queja con su madre porque están a punto de empezar la subida al Espinazo del diablo, el punto más alto de la ruta, el tramo más accidentado, donde la gente tiene que ayudarse de cuerdas para subir. La fila de romeros está abarrotada, los novatos no pueden creer que el camino siga por ahí, los más experimentados se ríen y aseguran que hace tiempo que no hay tanta gente. Las voces se mezclan, hay risas nerviosas, algunos señalan que no podrán. “Si nos caemos, ya no seguimos caminando”, coinciden otros. Ya se han completado más de 23 horas de ruta y es este desnivel el que pone a prueba la fe, se podría decir que el sol es el gran enemigo, pero no. La fila que espera para subir no disminuye ni al atardecer ni al amanecer, todo el día y toda la noche siguen pasando los peregrinos.

La historia coincide en que esta tradición se inició hace 200 años, cuando los indios tarascos trajeron la primera imagen de la Virgen tallada en madera. Allí se extendió la fama de que era milagrosa, por lo que comenzaron a llegar de todos los pueblos de los alrededores y la peculiar romería se prolongó hasta el día de hoy.

El camino va acompañado de leyendas de fantasmas, espíritus, milagros y otras anécdotas inexplicables. No en vano se explora la tierra de Juan Rulfo y las historias mitigan el cansancio y hacen más llevadera la peregrinación.

Al amanecer del tercer día don Gabriel entra al pueblo de Talpa de Allende, está cansado, camina con dolor en las piernas, las rodillas se le doblan un poco. Por un lado, su compañero parece más completo, llevan años siguiendo la ruta, no se dan por vencidos, es de los experimentados y quizás por eso proclaman la frase que llevan impresa en la camiseta: “El dolor es temporal, pero la experiencia dura”. para siempre”

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